Autónomo o Sociedad Limitada: la pregunta que te vas a hacer tarde o temprano

Autónomo o Sociedad Limitada: la pregunta que te vas a hacer tarde o temprano
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Última actualización: 13 de agosto de 2026

Hay una conversación que se repite en mi despacho casi cada mes: un autónomo que va bien, factura cada vez más, y un día me pregunta "¿me interesa montar una SL?". Y la verdad es que no hay una respuesta de libro para todo el mundo — depende de cuánto ganas, de cuánto riesgo asumes en tu actividad y de para dónde quieres que vaya tu negocio. Pero sí hay datos concretos que te ayudan a decidir con la cabeza y no solo con lo que te ha contado un colega en una cena.

Vamos a verlo con calma.

Lo primero: no es solo una cuestión de impuestos

Cuando alguien me pregunta esto, casi siempre lo primero que tiene en la cabeza es "pagaré menos". Y a veces sí, a veces no — depende del caso. Pero hay algo que suele pesar más que los números y que casi nadie menciona al principio: la responsabilidad.

Como autónomo, si algo sale mal en tu negocio — una deuda, una demanda, un impago grande — respondes con todo tu patrimonio personal. Tu casa, tu coche, tus ahorros. Como Sociedad Limitada, en general, tu responsabilidad se limita al capital que has metido en la sociedad. No es una diferencia menor: es la diferencia entre que un mal año te complique la vida un tiempo, o que te la ponga patas arriba durante años.

Dicho esto, vamos a los números, que también importan y mucho.

Cómo tributa cada uno

Como autónomo, tus beneficios tributan por IRPF, con una escala progresiva que puede llegar a superar el 40-45% en los tramos altos, dependiendo de tu Comunidad Autónoma. Cuanto más ganas, más porcentaje pagas.

Como SL, tributas por el Impuesto sobre Sociedades, y aquí hay buenas noticias recientes que conviene conocer, porque hubo una reforma (Ley 7/2024) que va bajando los tipos progresivamente hasta 2029:

  • Si tu sociedad factura menos de 1 millón de euros (microempresa): tributas al 19% por los primeros 50.000 € de beneficio y al 21% por el resto.
  • Si factura entre 1 y 10 millones (pyme / empresa de reducida dimensión): tipo único del 23% en 2026.
  • Si factura más de 10 millones, o no cumple los requisitos anteriores: tipo general del 25%.
  • Si es una sociedad de nueva creación: 15% en el primer periodo con beneficio y el siguiente.

Aquí está el matiz que la mayoría no ve al principio: en el IRPF, cuanto más ganas, más subes de tramo y peor te va. En el Impuesto sobre Sociedades, el tipo se mantiene relativamente estable según tu facturación. Por eso, a partir de cierto nivel de beneficio, la SL suele salir más a cuenta fiscalmente — aunque el punto exacto donde eso ocurre depende mucho de tu situación personal (deducciones, Comunidad Autónoma, otros ingresos), así que no te fíes de una cifra genérica que veas por ahí. Ese cálculo hay que hacerlo con tus números reales.

Y ahora, lo que casi nadie te explica bien: la Seguridad Social

Aquí es donde la cosa se complica un poco, porque hay datos que están cambiando y en los que ni siquiera las fuentes especializadas se ponen del todo de acuerdo ahora mismo.

Si eres autónomo societario (es decir, administrador o socio con control efectivo de tu propia SL), cotizas con una base mínima más alta que un autónomo persona física — esto no ha cambiado, sigue siendo así en 2026. Lo que sí hemos encontrado es que las fuentes discrepan sobre la cifra exacta este año: unas hablan de una cuota mínima en torno a los 448 €/mes con una base mínima de 1.424,40 €, otras dicen que el Gobierno prorrogó las cuotas de 2025 tal cual, sin subida. Sinceramente, preferimos decirte esto con honestidad en vez de darte un número que igual está mal: antes de dar esta cifra a un cliente, confírmala en Import@ss o directamente con la Seguridad Social, porque aquí hay ruido en las fuentes que no nos convence del todo.

Lo que sí es sólido y no varía: el autónomo societario no puede elegir la cuota mínima general como sí puede hacer, en ciertos casos, un autónomo persona física con ingresos bajos — su base mínima siempre está por encima.

El coste de montar y mantener una SL

Aquí no hay color: ser autónomo es gratis de constituir (solo el alta) y una SL exige notaría, registro mercantil, capital social mínimo (1 € nominalmente desde la reforma de sociedades de formación sucesiva, aunque en la práctica se recomienda más) y, después, una contabilidad más exigente — libro diario, cuentas anuales, depósito en el Registro Mercantil. Esto se traduce en más honorarios de gestoría, sin rodeos. Si tu actividad es pequeña, ese sobrecoste puede comerse buena parte de lo que ahorras en impuestos.

Entonces, ¿cuándo compensa dar el salto?

No hay una cifra mágica universal — cualquiera que te la dé sin conocer tu caso te está simplificando demasiado. Pero sí hay señales que, juntas, suelen indicar que merece la pena sentarse a hacer números en serio:

  • Tu beneficio anual empieza a moverse en una franja donde el tramo de IRPF te está doliendo de verdad.
  • Tu actividad tiene un riesgo real de deuda o reclamación (proyectos grandes, clientes que pagan tarde, inversión importante).
  • Quieres reinvertir beneficios en el negocio en lugar de sacarlos como sueldo — la SL te da más margen para eso sin pasar todo por tu IRPF personal.
  • Estás pensando en meter socios, o en dar una imagen distinta ante clientes grandes o administraciones públicas.

Y al revés: si tu actividad es pequeña, estable, sin apenas riesgo de deuda, y tus beneficios no están cerca de los tramos altos de IRPF, muchas veces seguir como autónomo — con menos papeleo y menos coste fijo — sigue siendo la opción más sensata. No hay ningún mérito en complicarte la vida con una SL si no te está aportando nada real.